Linda señorita paseando por un dia con mucha lluvia


 


La lluvia comenzó a caer sin previo aviso, dibujando pequeños círculos sobre el asfalto gris de la ciudad. Una señorita avanzaba por la acera con paso tranquilo, sosteniendo su paraguas azul como si fuera un refugio personal frente al murmullo del cielo. Las gotas resbalaban por la tela impermeable de su abrigo, mientras sus botas chapoteaban suavemente en los charcos que reflejaban luces y edificios como espejos temblorosos.

El aire olía a tierra mojada y a café recién hecho que escapaba de una cafetería en la esquina. Ella respiró hondo, disfrutando esa mezcla de frescura y nostalgia que solo los días lluviosos saben ofrecer. A su alrededor, la gente caminaba deprisa, cubriéndose como podía, pero ella parecía moverse en otro ritmo, como si cada paso fuera parte de una melodía secreta.

Las gotas golpeaban el paraguas con un sonido constante y relajante. Sus pensamientos viajaban libres, acompañando el fluir del agua que corría por las cunetas. De vez en cuando, levantaba la mirada para observar cómo la lluvia difuminaba los contornos de la ciudad, volviéndola más suave, más íntima.

Al cruzar la calle, una ligera brisa levantó algunas hojas húmedas que giraron a su alrededor. Ella sonrió sin razón aparente. En medio del gris del día, llevaba consigo una calma luminosa. Y así, bajo la lluvia persistente, continuó su camino, dejando huellas pasajeras en el pavimento mojado, como un recuerdo delicado que pronto sería borrado por el agua.






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