Una chica paseando sola por el estadio al atardecer


 


El estadio estaba casi vacío cuando ella comenzó a caminar por las gradas. El cielo se pintaba de tonos naranjas y rosados mientras la brisa suave recorría el campo. Sus pasos resonaban ligeramente en el concreto, creando un eco tranquilo que parecía acompañar sus pensamientos.

Llevaba una chaqueta ligera y el cabello suelto que se movía con el viento. Observaba el césped perfectamente cortado, imaginando los partidos llenos de emoción que alguna vez se jugaron allí. Pero en ese momento, todo era silencio y calma.

Mientras bajaba lentamente por las escaleras hacia la pista, sonrió. A veces, los lugares más ruidosos también guardan los momentos más tranquilos cuando están vacíos.

Se sentó un momento en una de las filas y miró el campo. No estaba allí por un partido ni por una multitud; estaba allí para disfrutar del simple placer de caminar y pensar, dejando que el estadio y el atardecer le regalaran un instante de paz.






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